sábado, 12 de marzo de 2011

Mi teoría del cuento

Cuando escribo lo hago atendiendo a la verdad de que cada cuento concentra toda la vida, de que tengo poco tiempo y poco espacio para extraer una muestra de instante decisivo. Para ello debo recordar e imaginar. El recuerdo proviene de una promesa que hice de joven: “Nos vamos a leer”, certeza que silbó llevándome a una búsqueda agridulce.

Recordar es olvidar, dijo Freud, no obstante si repaso sobre mi aorta aquello que no debió ser o se colmó de angustia, tengo que darle a eso un traje para que viva en una página sin tocar mi identidad otra vez. Lo explico, para escribir cuentos hay que imaginar sobre lo recordado. Deseográficamente ordeno las palabras para conjurar un daño memorable o para cambiar por un momento la historia, para calmar la tristeza, sobre todo, para sentir que pudo ser distinto o que nunca pasó como otros lo recuerdan. No es que necesite imponer mi versión, ocurre que no puedo vivir con una sola.

Hay mucho de deuda que me urge saldar cuando escribo, de conversaciones impagables que ya no pueden volver a darme tinta o hilos de plata con qué unir los pensamientos, las imágenes. Un beso es una historia, siempre. En lo que confiesan los labios y otras zonas húmedas de la piel, un lenguaje se ilumina. Ese acontecimiento calma lo que antes se dijo: las rutas seductoras, las exageraciones dulces, las aventuras sobrecargadas de aliento, es decir, las mentiras para volver a frotar un lenguaje contra otro, como explicó Barthes.

Aunque también una lágrima es un cuento. Ni qué decir de silencios almacenados, de carreteras o nubes, de olas, de aires que iban y venían como pausas preñadas de desarrollos, nudos y finales que dejan dormir en paz sólo una noche.

Si pudiera, escribiría todo el tiempo para creer que puedo ser otra persona. Sería fantástico hacer máscaras de los más variados materiales cuyos gestos me sorprendieran cada día. La verdad es que a veces lo consigo y no puedo explicar por qué o cómo, qué constelación dentro de mi mente brilló entonces.

Supongo que un poco de perdón se cuela en mis textos. Lo curioso es que me gusta pensar que nadie lo entiende, que no pueden ver al demonio libre, exonerado, paseándose por las comas y los puntos cuando la narración suena más cuidada o efectiva. Y es que debo narrar por no haber sido valiente antes, por no dejar que el demonio sufriera menos en su jaula que es la memoria, por no concederme la gracia del perdón antes de una llaga tocará el hueso.

Me invade la culpa de estar vida y no escribir lo suficiente. De no conversarme, de no escuchar con calma a la otra que me habita y amenaza con desastres si no la dejan contar. Soy yo el demonio y el sultán que quiere violar a Sherezada y la odalisca inteligente que se salva de sí con sus historias.

Estoy, ahora mismo, pensando en alguien que lo entendería, un lector ideal que es, claro, un conversador con magia: presencia que te empuja a los territorios del cuento, a sus aguas que sólo puedes tocar después de un salto, de una caída bella, de la mano de quien sabes está contigo en el aislamiento comunicable que no ahoga o que porque ahoga debe ser comunicado.

Mucha derrota en ello, sí, pero una victoria porque reconcilia, porque después de las olas del cuento no puede haber más que un fondo con gemas y lámparas cuyos genios serán ángeles.

domingo, 6 de marzo de 2011

¿Quién se anima a responder?/Rúbrica para el segundo parcial

¿Qué preguntarles a los jóvenes periodistas?, ¿cómo estar seguros de que saben entrevistar?, ¿cuándo se darán cuenta de que tienes que saber escribir antes que nada? A continuación una guía para saber:

1. ¿Que diferencia a la entrevista de los demás géneros?
2. Escribir una definición propia de este género.
3. ¿Qué opina García Márquez de la entrevista?
4. ¿Para qué sirve un cuestionario?
5. ¿Qué etapas tiene la preparación de una entrevista?
6. Ejemplo de frase gráfica.
7. Ejemplo de frase contundente.
8. ¿Qué no es una entrevista?
9. Escribe diez cualidades que debe tener un gran entrevistador.
10. ¿Qué es la mediamorfosis?
11. Explica el significado del término mediacidio.
12. ¿Qué entiendes por sociedad de la información?
13. ¿En qué errores no debe caer un buen entrevistador (a)?
14. ¿Crees que el periodismo ciudadano pueda darse en Internet?, ¿por qué?
15. Escribe el nombre de 5 entrevistadores que admires. Explica qué los hace especiales.

viernes, 4 de marzo de 2011

Reflexión antes de dormir en viernes

Mientras más tiempo pasa, más me convenzo de que un periodista debe ser ante todo un defensor de los derechos humanos. Dirán que no, que eso es un activista y no un profesional de la información. No creo. Como comunicadores no trabajamos con cifras heladas o cosas. Sea cual sea la fuente, van seres humanos de por medio. La integridad de los mismos, su dignidad y el derecho que tienen que recibir justicia son brújulas que deben orientar el ejercicio periodístico por siempre.

jueves, 3 de marzo de 2011

Decálogo del joven periodista

1. No tiene precio.
2. Le sobran las ganas porque sin ellas no es valiente.
3. Confirma la información que es verificar cinco o diez veces los datos.
4. Atempera su ánimo, se espera. No se deja llevar por rumores ni la prisa.
5. Investiga el lado oscuro de la nota, es decir, la cara de una noticia que se ha olvidado, lo que no dicen los demás.
6. Está para decir lo que sucede, para describir, para dibujar un hecho y nada más. Que sean los otros quienes analicen, interpreten, saquen sus propias conclusiones o se jalen los cabellos.
7. Sabe escribir rápido, limpio, preciso. Sus párrafos son cortos, se entienden, son agudos y el público vuelve a buscarlo.
8. Sabe hablar en público y le encanta hacerlo.
9. Tiene encanto, la gente le confía secretos.
10. Nunca le falta humanidad. Es empático.

Cómo es México

Este el país donde a una periodista tratan de cerrarle los labios y un documental abandona las salas de cines. ¿Qué opinan?